¿Qué microorganismos estamos bebiendo? Lo que revelan las aguas naturales más allá de los análisis habituales
El agua cristalina que brota de una fuente de montaña o de pueblo nos inspira confianza. Está fresca, sabe bien y procede directamente de la naturaleza. ¿Qué podría tener de malo? Son aguas naturales… Hay algo en lo que coinciden todos los mayores de nuestros pueblos: cada uno está convencido de que el agua de su fuente es la mejor del mundo.
¿Quién no ha bebido alguna vez de una fuente de montaña, convencido de que aquella agua cristalina, fresca y deliciosa tenía que ser excelente?
Pero ¿y si su aspecto no tuviera prácticamente nada que ver con su calidad microbiológica?
Para comprobar hasta qué punto coinciden, en MICROKIT® decidimos analizar diferentes aguas naturales de la Península ibérica, aprovechando para recolectar 17 puntos que encontramos durante nuestros viajes de agosto y septiembre de 2026. Buscamos en casi todos los casos aguas famosas por su presunta pureza o lo más alejadas posible de la civilización.
No nos limitamos a las fuentes: incluimos también surgencias, aguas superficiales (Un río reconocido por su extraordinaria calidad ecológica y una laguna de aguas turquesa esmeralda, tan espectaculares que parecen completamente puras), una alberca y un pozo.
Las zonas muestreadas estaban en las provincias de Madrid, Ávila, Zamora, Cuenca, Albacete y Valencia, además del distrito portugués de Bragança.
Y, además de investigar los indicadores microbiológicos convencionales, quisimos ir más allá, buscando microorganismos oportunistas como Pseudomonas aeruginosa y el complejo Burkholderia cepacia, así como colífagos somáticos.
No pretendíamos elaborar un mapa de la calidad del agua de la Península Ibérica ni determinar qué porcentaje de sus fuentes es potable. Nuestro objetivo era más sencillo: observar qué microorganismos podíamos detectar y, especialmente, qué información aportaban los distintos métodos microbiológicos.
Nuestra experiencia en diversos cursos de supervivencia en plena naturaleza ya nos había enseñado algo sorprendente: encontrar agua natural microbiológicamente potable es mucho más difícil de lo que parece. Y no hablamos de selvas tropicales, donde abundan las enfermedades transmitidas por el agua, sino de nuestras propias latitudes europeas, templadas, aparentemente mucho más seguras.
Los resultados nos han dejado varias enseñanzas, aparte de la que ya teníamos de supervivencia.
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¿Qué microorganismos encontramos en las aguas naturales?
En nuestra serie exploratoria de 17 aguas naturales obtuvimos los siguientes resultados:
| Microorganismos investigados | Detecciones |
| Coliformes-E.coli detectados con Colicult P/A, estriados en Agar MugPlus (CCA) y confirmadas las colonias azules con indol + y las rojas con oxidasa – | 76,5 % |
| Enterococos fecales detectados con Enterocult P/A y confirmados con catalasa – | 88,2 % |
| Clostridium perfringens presuntivos, detectados con Clostricult P/A a 44ºC | 70,6 % |
| Pseudomonas aeruginosa detectada con Pseudocult P/A, estriada en Agar Cetrimida y confirmadas las colonias (pigmentadas y fluorescentes, o no) mediante Nitratos y Acetamida-Nessler | 23,5 % |
| Burkholderia cepacia presuntiva, detectada con Burkhocult P/A, estriada en Cromokit BCPT Agar y confirmadas las colonias con OF Glucosa (no eran Aeromonas) y ADH (no eran Pseudomonas aeruginosa) | 11,7 % |
En este video se estudian estos dos ultimos kits, pero en aguas farmacosméticas: https://www.youtube.com/watch?v=oLHcldiRG_s
Los porcentajes corresponden exclusivamente a las muestras estudiadas, no a una estimación de la prevalencia en las aguas naturales de la Península Ibérica. Algunas detecciones fueron débiles, tardías o confirmadas con dudas, por lo que deben interpretarse como resultados presuntivos.
Pero lo que más nos interesó no fueron sólo los positivos, sino las aparentes contradicciones entre unos análisis y otros.
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¿Cómo puede un agua tener casi cero aerobios y contener indicadores de contaminación?
Encontramos aguas naturales con recuentos extraordinariamente bajos de aerobios cultivables y, sin embargo, positivas para coliformes o enterococos.
Por ejemplo, una fuente presentó 0 UFC/mL a 22 °C y sólo 3 UFC/mL a 35 °C, pese a que se detectaron ambos grupos de indicadores de contaminación fecal.
La explicación es sencilla: no estamos buscando lo mismo ni en el mismo volumen.
En nuestros recuentos de aerobios analizamos 1 mL, mientras que los métodos de detección de indicadores emplean volúmenes mayores (100 mL) y, en nuestro caso, procedimientos de enriquecimiento.
Además, las condiciones de incubación y el medio de cultivo seleccionan qué microorganismos consiguen formar colonias.
Por eso, obtener 0 UFC/mL no significa que el agua esté estéril, y mucho menos que sea potable.
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La temperatura cambia la población que vemos
Otro resultado sorprendente fue la diferencia entre los recuentos a 22 y 35 °C.
En una muestra encontramos 90 UFC/mL a 22 °C y ninguna colonia a 35 °C. En otra, a la inversa, sólo 7 UFC/mL a 22 °C frente a 35 UFC/mL a 35 °C.
Es decir, la temperatura no se limita a acelerar o retrasar el crecimiento: puede seleccionar fracciones diferentes de la microbiota cultivable en las aguas naturales.
Sin identificar las especies no podemos saber exactamente qué poblaciones predominaban en cada caso. Pero sí podemos afirmar que un recuento de aerobios a una sola temperatura no describe toda la microbiología de un agua natural.
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El problema de los falsos positivos presuntivos en aguas naturales
Quizá la enseñanza metodológica más importante apareció al investigar Pseudomonas aeruginosa.
El 94,1 % de las aguas produjo resultados positivos presuntivos en Pseudocult P/A, al ser un kit diseñado para aguas tratadas de la industria farmacosmética. Sin embargo, sólo pudimos confirmar mediante Nitratos (RAN) y Acetamida la presencia de P. aeruginosa en el 23,5 % del total de muestras.
Esto no significa que todos los demás aislamientos fueran necesariamente falsos positivos, porque no realizamos identificaciones moleculares. Significa que un resultado presuntivo de screening no puede darse como definitivo si falta una identificación confirmada.
Además, encontramos un aislamiento que no presentaba fluorescencia en Agar Cetrimida y, sin embargo, dió positivo en Acetamida, algo ya descrito como «colonias atípicas» en la Norma ISO de Pseudomonas aeruginosa en aguas.
Por tanto, ni el crecimiento en Cetrimida demuestra por sí solo la identidad de P. aeruginosa, ni la ausencia de fluorescencia permite descartarla automáticamente.
Algo semejante ocurrió con la búsqueda del complejo Burkholderia cepacia: varios aislamientos que crecieron en los medios utilizados presentaron perfiles bioquímicos distintos de los esperados: Decidimos no atribuirles una identidad que no habíamos demostrado.
La conclusión es especialmente importante para quienes trabajamos con medios de cultivo: la selectividad de un método debe interpretarse teniendo en cuenta la matriz que estamos analizando. No es lo mismo una agua oligotrófica farmacosmética, casi estéril, que un agua natural con una enorme diversidad en su microbiota.
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¿Y los colífagos?
También investigamos colífagos somáticos, virus capaces de infectar determinadas bacterias y utilizados como indicadores de contaminación fecal.
No encontramos calvas de lisis en las muestras examinadas de aguas naturales, incluso aumentando el volumen analizado en parte de ellas de 1 mL a 2, de 2 a 5, de 5 a 10 y de 10 a 36 mL.
Sin embargo, no podemos interpretar estos negativos como prueba de ausencia de colífagos en 100 mL de agua.
Este resultado nos recuerda otra limitación esencial de la microbiología: lo que no detectamos no siempre está ausente.
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Entonces, ¿es seguro beber agua de una fuente natural?
La respuesta no puede obtenerse mirando el agua, probándola, ni siquiera contando únicamente sus aerobios.
Un agua transparente puede contener indicadores microbiológicos incompatibles con los criterios exigidos al agua destinada al consumo humano.
Tampoco debemos confundir la detección de una bacteria ambiental con la demostración de un riesgo sanitario concreto: los indicadores, los microorganismos oportunistas y los patógenos tienen significados distintos.
Nuestro estudio no pretendía clasificar las aguas naturales de las provincias visitadas, ni extrapolar sus porcentajes al conjunto de España y Portugal. Sí permite ilustrar las limitaciones de interpretar aisladamente los resultados microbiológicos.
De las 17 aguas analizadas, sólo 2 cumplieron todos los criterios microbiológicos evaluados:
- 11,8 % cumplieron todos los criterios.
- 88,2 % incumplieron al menos uno.
Y lo más revelador: las dos aguas que cumplieron los criterios ¡estaban cloradas! Una procedía de una fuente municipal en un gran municipio y la otra de una casa de campo conectada a la red del pueblo más cercano.
Es decir, ninguna de las aguas naturales sin tratar que analizamos cumplió todos los criterios microbiológicos.
Es cierto que nuestras 17 muestras no permiten afirmar que todas las aguas naturales sean microbiológicamente no potables. Pero los resultados invitan a desconfiar de una creencia muy extendida: que el agua, por proceder directamente de la naturaleza, es necesariamente saludable.
Porque incluso en los parajes más apartados puede haber animales aguas arriba, bañándose, bebiendo… o haciendo algo bastante menos inocente.
Y ni siquiera el agua que gotea de una estalactita está necesariamente a salvo: la roca puede haberla filtrado durante muchísimo tiempo, pero el contacto posterior con guano de murciélagos puede comprometer su calidad microbiológica.
La naturaleza puede filtrar el agua. Lo que no hace es garantizarnos su potabilidad.
El agua más cristalina, fresca y agradable al paladar no tiene por qué ser la microbiológicamente más segura.
La gran lección
Después de décadas diseñando medios de cultivo y comparando metodologías microbiológicas, este pequeño estudio nos ha recordado algo que también observamos en alimentos y cosméticos:
Lo que encontramos en una muestra depende de los microorganismos que contiene, pero también del volumen que analizamos, del medio y método que utilizamos y de las condiciones en las que incubamos.
Y cuando se trata de agua para beber, estas diferencias no son una simple curiosidad de laboratorio.
Porque la naturaleza nos ofrece aguas naturales de aspecto idílico. Pero la potabilidad hay que demostrarla. La belleza del agua no garantiza su calidad microbiológica.
Nuestros resultados muestran que distintas aguas de aspecto perfectamente normal pueden contener indicadores microbiológicos que obligan a cuestionar su aptitud para el consumo.
Pero también muestran que no basta con buscar muchos microorganismos: hay que saber interpretar correctamente cada resultado.
No todas las bacterias ambientales representan el mismo riesgo. No todas las pruebas positivas constituyen una identificación. Y no todos los resultados negativos tienen la misma capacidad para descartar contaminación.
Nuestro trabajo fue exploratorio, con un número limitado de muestras obtenidas en distintos entornos y sin un diseño estadístico representativo. Por eso no sería correcto extrapolar sus resultados a todas las fuentes de España y Portugal.
Lo que sí podemos afirmar es que ni la transparencia, ni el sabor, ni la baja cantidad de aerobios cultivables garantizan la potabilidad de un agua.
Que nuestros antepasados bebieran de los ríos no significa que nosotros podamos hacerlo sin consecuencias. La civilización no nos ha hecho invulnerables a los microorganismos del agua. Y algunos pueden provocar bastante más que una diarrea del viajero.
MICROKIT® — Microbiólogos especializados en medios de cultivo, métodos de detección, análisis e intercomparaciones microbiológicas.



